Al parecer los resultados de un estudio llevado a cabo recientemente por investigadores de la Universidad de Carolina del Norte, USA, que relacionó niveles bajos de LDL (el llamado “colesterol malo”) con la enfermedad de Parkinson aportan evidencias serias en relación a las estatinas. Tanto es así que está previsto un estudio a gran escala sobre 16.000 pacientes para investigar a fondo la posible relación entre el Parkinson y el uso de estos fármacos, que son los que más dinero reportan a los laboratorios farmacéuticos a nivel mundial, y que se recetan para bajar el colesterol.

 

Los resultados del estudio motivo de tanta preocupación, mostraron que los pacientes con bajos niveles de LDL (colesterol malo) están tres veces y medio más más expuestos a desarrollar Parkinson que los que mostraron niveles de LDL más altos.

 

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Asi que resulta que tenemos una persona con el colesterol por las nubes(1) al que su médico le da estatinas (que actúan precisamente reduciendo los niveles de colesterol malo) para mantenérselo a raya y (supuestamente) evitar la enfermedad coronaria, lo cual, lo expondrá tres veces y media más a desarrollar Parkinson que otro paciente a quien no se le hubiera suministrado estatinas.

 

O sea, puede que no tenga un infarto; estará tres veces y medio más expuesto a desarrollar Parkinson, una enfermedad que se produce por la pérdida/deterioro de neuronas en un área del cerebro y se caracteriza por estos síntomas:

 

  • Rigidez muscular.
  • Temblor
  • Falta de algunos movimientos y lentitud de otros.
  • Dificultades al andar; mala estabilidad al estar parado (se mueven como un péndulo).
  • Problemas al comenzar a andar.
  • Si un movimiento no se termina tiene dificultades para reiniciarlo, o terminarlo.
  • Cara de pez o máscara, por falta de expresión de los músculos de la cara.
  • Falta de capacidad de estar sentado sin moverse.
  • Movimiento de los dedos como si estuvieran contando dinero.
  • Boca abierta, con dificultad para mantenerla cerrada.
  • Voz de tono bajo, y monótona.
  • Dificultad para escribir, para comer, o para movimientos finos.
  • Deterioro intelectual, a veces.
  • Estreñimiento.
  • Depresión, ansiedad, atrofia muscular.

 

¿Tiene algún sentido?
Sí, uno económico. Exclusivamente.

 

(1) El colesterol alto, normalmente, es consecuencia de una alimentación y unos hábitos de vida inadecuados. Se corrige con facilidad, sin necesidad de fármacos.