Me gustan las citas, especialmente las inspiradoras. Dicen mucho con pocas palabras y me hacen reflexionar. Además, como soy del tipo de persona que siempre ve “el vaso medio lleno”, me ayudan a ponerme en plan receptivo, buscando adivinar de qué manera me implica lo que leo, procurando encontrar la enseñanza detrás de lo evidente. Por eso, cuando en Mujeres Holisticas decidimos liarnos la manta a la cabeza añadiendo un blog, tuve clarísimo que, esta vez sí, tendríamos una sección dedicada a las citas inspiradoras.

La de esta semana está dedicada a la sonrisa, ese antídoto para los momentos bajos de la vida, esos que todos tenemos, y que pueden enseñarnos tanto.

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¡Sonríe!

“Sonríe, es terapia gratuita”
– Doug Horton

He aprendido que si cuando me siento bajo pongo una sonrisa, mi espíritu automáticamente se eleva. El cuerpo sabe que una sonrisa es sinónimo de felicidad. Saberlo no hace que siempre tenga ganas de hacerlo. Muchas veces, me he negado en redondo a levantarme el ánimo. ¿No es curioso como a veces el ego positivamente disfruta sintiéndose miserable? Explorar lo que sacamos de nuestros estados de ánimo malos puede ser revelador.

“Puede darse por hecho que cuando un hombre habla de sus desgracias es que hay algo en ellas que no le disgusta porque cuando no hay nada más que miseria pura y dura, tampoco hay ningún interés en recurrir a mencionarla.
— Samuel Johnson

Reproducción permitida por http://www.higherawareness.com

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Desde hace cerca de quince años, soy una defensora a ultranza de la sonrisa como método para mejorar la salud física, mental y emocional. Asistía a una conferencia de presentación de uno de los primeros cursos taoístas de Mantak Chia que se dieron en Madrid, a cargo de uno de sus discipulos, cuando aprendí lo que hasta hoy sigo considerando la enseñanza holística más importante de mi vida. Hablando del efecto sobre el sistema inmunológico de la técnica “Sonrisa interior” del método de M. Chia, el conferenciante nos hizo hacer un sencillo ejercicio que básicamente consistía en demostrarnos mediante la kinesiología (testando, en este caso, la fortaleza de los músculos de un brazo), de qué manera afectaba a nuestro organismo un pensamiento triste o colérico y un pensamiento agradable. Como ya estaba familiarizada con la kinesiología holistica no me sorprendió ver que en cada participante allí presente se verificara lo mismo: después de un pensamiento agradable, los músculos se mantenían fuertes y con una fuerza normal aplicada sobre el brazo extendido, no era posible hacerlo bajar; después de un pensamiento triste, a la menor presión aplicada sobre él, el brazo caía en picado. Hasta aquí, nada nuevo para mí.

Nos hizo repetir el ejercicio, pero antes de que él aplicara presión sobre nuestro brazo, nos pidió que hicieramos la mueca de sonreir y la mantuviéramos mientras él presionaba. El resultado fue que no cayó ni un solo brazo, incluso ejerciendo una presión mayor que la que había usado antes. No pidió que sonriéramos, solamente que hiciéramos la mueca. Y ante la cara de asombro de varios de nosotros, se limitó a explicar que según los taoístas, el músculo cigomático (el que nos permite sonreír) está energéticamente conectado a la glándula timo, comentó que de hecho, la activa.

Como te imaginarás, desde ese día, lo primero que hago después de desperezarme por la mañana, es sonreír. Y seguir sonriendo. Porque aunque no tengo dudas sobre lo que sostienen los taoístas, cuando sonrío, el mundo me parece un lugar infinitamente más hermoso. Solo por eso, ya merece la pena. Y además, como dice la cita de Doug Horton, es gratis.

Con los años también he descubierto que es un antídoto contra las “palabras eléctricas”, tanto las que tengo el impulso de decir, como esas que me hacen desear poder “desenchufar” los oídos para no oir. Las peores cosas que he dicho en mi vida, no las habría podido decir si un segundo antes de abrir la boca, hubiera puesto “la mueca de sonrisa”. Y las peores que oí, me habrían hecho mucho menos daño. Sonreir es incompatible con los “malos rollos”. Debería ser de práctica obligatoria.

¿Te imaginas subirte al autobús o al tren para ir a trabajar y encontrarte con un montón de caras sonrientes en vez del malhumor habitual? ¡Qué lujo! :-)