No existe dieta ni régimen alimenticio que no ponga a las frituras, asados y parrillas, en su lista de “con moderación” o, directamente, en su lista de “prohibidos”. Y no me refiero a nutricionistas o dietistas del ámbito holístico, no, sino a todos.

Da igual si el motivo de la consulta es bajar de peso o cáncer. Estas formas de cocción son unánimente desaconsejadas. Desde la vertiente holística, profesionales de distintas escuelas, las vienen incluyendo fundamentadamente como causa de enfermedad desde hace décadas, pero en este mundo influido por los anuncios publicitarios, explicarle a un paciente o a un estudiante por qué gran parte de su salud depende de las decisiones gastronómicas que haga, sigue resultando algo así como predicar en el desierto.

Exponer un alimento, sea el que sea, a una cocción larga o realizada a altas temperaturas, no solo destruye las cualidades nutricionales sino que da lugar a la formación de otras sustancias altamente tóxicas, nocivas para el organismo. Además, para estos métodos de cocción se usan aceites refinados, grasas hidrogenadas tóxicas para el organismo. Refinar los aceites es una forma de conseguir dos ventajas (para los productores): 1) mayor extracción de aceite por grano/fruto, y 2) mayor duración en los estantes de las tiendas (están muertos, así que ni el calor, ni la exposición a la luz o al oxígeno, pueden alterarlos).

Un grupo de investigadores de la Facultad de Medicina del Mount Sinai Medical Center (EEUU) acaba de demostrar con cifras, una enseñanza fundamental de la medicina holística basada en el sentido común. El artículo que lo comenta en español, está aquí.

Si te interesa saber más sobre las grasas hidrogendas, las enfermedades asociadas con ellas y los productos que las contienen, te recomiendo este artículo.